Desde que empezó la gangrena en la pierna derecha no había sentido dolor, y también el miedo había desaparecido, de modo que lo único que sentía era un gran cansancio y la rabia que le provocaba saber que eso era el fin. Tenía muy poca curiosidad por lo que ocurriría luego. Durante años le había obsesionado, sí, pero ahora no representaba esencialmente nada. Lo raro era la facilidad con que se soportaba la sensación estando cansado.

Ernest Hemingway, Las nieves del Kilimanjaro

Esta entrada fue publicada en Uncategorized. Guarda el enlace permanente.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s