Latente


Prepara el mate.
A medias despierta mira los primeros rayos de sol que dan sobre los malvones junto a la ventana, recorre la casa evaluando detalles. El cuadro está sucio, con tantas cosas se olvida de pasarle el plumero. Se alisa el cabello, ya necesita un retoque.
Toma el primer mate, la yerba viene más sin gusto ahora. De joven le resultaba un poco fuerte pero la despertaba más rápido, este brebaje dulzón le trae modorra. Respira hondo, es agradable el crepúsculo antes de hacer los primeros llamados telefónicos. La calle está casi en silencio, apenas el trinar cauto de algunos pájaros, un ladrido de oficio en la casa de enfrente.
Lindo cuando sus pensamientos se mueven en paz.
Están saliendo los primeros brotes. Aire fresco y cielo despejado aunque el pronóstico anuncie lluvia. Increíble aquel malvón de dónde viene, retoño de retoño de retoño. La abuela estaba orgullosa, los cuidaba con pasión hasta que el cáncer la tiró en la cama.
Renueva el mate, pone la pava al fuego otra vez; pone esa ropa en remojo, el lavadero se la encogería con el secado caliente. Es tan lindo el vestido que le regaló Marta, no le gusta que tenga olor a humedad.
De nuevo la punzada ahí por debajo a la izquierda. Sonríe y sacude la cabeza mirando hacia el piso, con ese tic resignado en la comisura de los labios. Alza los hombros mansos y sale a regar, sabe convivir con su hipocondría, y con esa vaga sensación que parece tristeza. En lo de mamá las begonias crecían por lo menos el doble. No es buena tierra la de este patio, cuesta mantener contentas a las plantas. Y la manguera que se le quiebra, no consigue una buena, hoy va a llamar también a Llame Ya, no las tienen caras. Y que tiene que buscar en su ajuar algo para regalarle a Marta. El centro de mesa, o las toallas. Si ya no se va a casar…
Otra vez respira hondo el aire fresco casi primaveral. Mira los brotes del árbol, un instante de gracia en su mirada que se abre paso hacia el cielo muy azul. Amaga buen tiempo, se entusiasma y planta los bulbos, contenta.
Anoche se quedó adormecida mirando la tele y no lavó los platos. Los platos sucios la ponen de mal humor, “me estoy quedando sin detergente… ni bien cobre la pensión compro otro colador”. Después de barrer irá al almacén, “y de paso pregunto si ya llegaron las pastillas”.
La secretaria no quiso darle los resultados por teléfono, dice que se los tiene que dar el médico. Sospecha que es cáncer nomás.

HlJorge

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